Delitos

Delitos que parecen insignificantes

19/10/2017

Por: Harianlys Zambrano

El periodista especializado en criminalística, Javier Ignacio Mayorca, habló en la edición de “Crímenes Sin Castigo” de hoy sobre:  “Hay delitos que parecen tan insignificantes que simplemente no son denunciados ante las autoridades. sin embargo, representan una herramienta para que los delincuentes acumulen importantes cantidades de dinero”

Este es el caso de una experiencia compartida a través de las redes sociales en la que una mujer relataba el engaño del que fue víctima cuando le vendieron un paquete con tres potes de una conocida marca de shampoo. La oferta se la hizo un vendedor informal en el este de caracas, y la vendió a buen precio.

La mujer hizo la prueba con uno de los potes, antes de hacer la compra. Lo abrió, olió su contenido y apretó un poco el cuerpo del envase para ver si salía el jabón para cabello con su color blanco carácterístico. Al ver que todo ocurría según lo esperado, pagó lo que le pedían y se fue del lugar creyendo que había hecho la gran adquisición.

Al llegar a su casa destapó uno de los potes y se dio cuenta del engaño. en la boca de la rosca habían colocado un plástico con un poco de shampoo, y de allí para abajo todo era agua. “El engaño perfecto”. Para la víctima, esto incluso representa una pérdida tan insignificante que ni siquiera valdrá la pena hacer la denuncia ante la policía. Para el delincuente, la ganancia se basa en el número de personas que pueda timar en el menor tiempo posible.

En los últimos días hemos presenciado delitos similares con pastillas de un antibiótico supuestamente entregado por el instituto venezolano de los seguros sociales, y anteriormente con los potes de una famosa margarina, que estaban rellenos con papel toilette, de manera que no fuese posible captar de antemano una diferencia sustancial en el peso del cada pote.

Es de esperarse que en los meses por venir se incrementara la frecuencia de estos delitos. En todos ellos, el estafador aprovecha una condición especial del venezolano, al que le gusta aprovecharse de situaciones irregulares, con la finalidad de ganar tiempo, no hacer colas o simplemente adquirir en mercados negros los productos que son comercializados por los canales del estado.

Al final, la pérdida se reproduce por cientos de personas. Esto estimula precisamente la actividad de los estafadores.

Un aspecto crucial en todo esto es que las posibles víctimas, en este caso los compradores, deben sospechar de toda oferta excesivamente fácil, e igualmente de la aparición súbita en estos mercados irregulares de productos que hace mucho tiempo desaparecieron de los anaqueles en las cadenas de supermercados y farmacias.

Tomemos en cuenta que la estafa es un delito carácterístico de las economías altamente reguladas. En la medida en que Venezuela continúe con este entramado de controles, se harán cada día más frecuentes, en ámbitos absolutamente inesperados.

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