Crímenes Sin Castigo

Javier Ignacio Mayorca

Un espacio destinado a la información y discusión de los problemas de seguridad ciudadana, con énfasis en la delincuencia organizada y su característica impunidad.

Escalas de alerta de cualquier plan de contingencia y evaluación de riesgos situacionales 

06/02/2019

Por: Zuhé Rodríguez

La noción de escala de alerta en el mundo de la seguridad es bastante antigua, sin embargo se hizo muy popular luego de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, cuando el propio gobierno de estados unidos difundió una constante de cinco niveles, asociados a colores específicos.

Las escalas de alerta parten del principio de que las situaciones de riesgo, ya sea para colectivos de ciudadanos o empresas suelen ir de menor a mayor. en este proceso, se van emitiendo determinadas señales o indicadores de incremento o decrecimiento de los riesgos. Solo hace falta, entonces, conocer y clasificar adecuadamente tales señales, para así poder leer el curso de la situación.

Lo importante de esto es que podemos de cierta forma predecir el curso de los procesos y tomar las medidas que sean consideradas adecuadas, con la finalidad de proteger a los colectivos, o en todo caso mitigar los daños que pueda acarrear la ocurrencia de los hechos previstos.

Las escalas de riesgo nos permiten de cierta forma predecir los hechos y tomar las medidas pertinentes para mitigar los daños derivados de la ocurrencia de tales sucesos.  Las escalas deben reunir diversas características. Deben ser sencillas, tanto en su formulación como en las medidas asociadas a cada una de las etapas. Deben ser además acatadas por los colectivos que las asumen. Por lo tanto, generalmente ameritan algún entrenamiento.

Las escalas de riesgo más divulgadas constan de tres niveles, cada uno de ellos asociados a colores, que suelen ser amarillo, verde y rojo. El primero representa la condición de menor alerta o riesgo, y el último la de mayor riesgo, y por ende se asocia con una emergencia inminente.

Las escalas deben ser revisadas y ajustadas, para determinar si con el paso del tiempo aún sirven para predecir hechos y prevenir sus daños. De nada sirve una escala referida a hechos que ya suceden, deben tener cierto grado de antelación. Por ejemplo, en el caso de los huracanes, las escalas se van ajustando tomando en cuenta la fuerza de los vientos en otras latitudes, la dirección o trayecto del fenómeno natural y la posibilidad de que impacte otros sistemas, como por ejemplo represas u otros servicios públicos.