Oscar Hernández

Opinión

Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales de Fedecámaras. Embajador de carrera y profesor universitario

Nos crecimos en Quito

13/09/2018

Aún recuerdo la última vez que vi a Sebastián Alegrett, amigo y maestro en las lides de la diplomacia. Fue en un homenaje que le hicieron los cancilleres andinos en la Secretaría de la CAN en Lima.

Cargaba a cuestas sus últimos días. Las intervenciones de los representantes fueron de elogios y reconocimientos a su trayectoria y vocación por la región.

Sebastián era un integracionista, como secretario general del SELA y de la Comunidad Andina, como embajador de Venezuela ante la OEA, en Colombia y en Brasil, siempre demostró obsesión por la verdadera integración de la región. Compartimos a principios de los años noventa como ponentes en Sao Paulo en un foro Mercosur-Nafta, donde insistió al final de su intervención que los países latinoamericanos debían emprender decididamente y cuanto antes su propia integración. Es así, la deuda de región por encontrarse a sí misma aún es muy alta.

Todos los grupos regionales aún tienen mucho por hacer en cada una de sus especificidades. Ante los tratados, discursos de políticos de turno y acuerdos que muchas veces no se cumplen, no hay nada que supere la vocación, la praxis y acción solidaria ante las dificultades.

Es, precisamente, la crisis migratoria venezolana y la positiva reacción de la región una muestra que hubiese satisfecho y mostrado a Sebastián que el camino recorrido valía la pena.

Es que la “Declaración de Quito sobre movilidad humana de ciudadanos en la región” es una pieza de refinada diplomacia y de responsabilidad compartida por parte de nuestros vecinos, conscientes de la tragedia y de la necesidad de la asistencia humanitaria, cooperación entre los gobiernos y los organismos internacionales. Es una iniciativa importantísima que rompe con tradicionales comportamientos ante situaciones de esta naturaleza.

La aceptación de documentos de identificación vencidos, así como mecanismos para una migración segura y ordenada dentro del marco del Pacto Mundial recientemente acordado es un paso fundamental. Una vez más, el gobierno de Venezuela, en su cerco de la diplomacia de la confrontación y provocación, no asistió al encuentro y, además, amenaza con protestar ante los gobiernos por su participación en un encuentro que sin duda ayudará a nuestra diáspora. ¿Quién entiende?