Aurelio Concheso

Opinión

Presidente de la Comisión Laboral de Fedecámaras

Reconversión sin reforma monetaria no es viable

07/06/2018

Qué difícil es hacerle entender a quienes administran la cosa pública, que el agua no fluye río arriba.

Hace escasas 10 semanas, el presidente Nicolás Maduro Moros, en cadena nacional de radio y televisión, anunció que la Reconversión Monetaria “logrará una solución estructural y definitiva para darle estabilidad al país”.

Y preguntamos: ¿Dónde están los que le recomendaron semejante declaración al Jefe de Estado, y tuvieron la peregrina idea de convencerle que, con solo mocharle tres ceros al Bolívar Fuerte, se resolvía el problema hiperinflacionario que ellos mismos han creado?

En una organización en la que los culpables de errores imperdonables asumen su responsabilidad, esos señores ya estarían jugando banco o expulsados del partido. Pero, en este caso, al parecer, eso no es lo que sucedió ni sucederá.

Durante estas 10 semanas, esos genios de la economía han triplicado -óigase bien- ¡triplicado! la masa monetaria, emitiendo la modesta suma de Bs.746.000.000.000.000. Si la cantidad de ceros lo abruma, puede quitárselos. Solo que este caso, en vez de los tres que se le piensa quitar a la moneda, tiene que amputar 12 para hablar de 746 billones.

Para dentro de 90 días, que es la fecha más cercana con la que se compromete la Asociación Bancaria en este ejercicio de Reconversión sin Reforma, se habrán creado electrónicamente, como mínimo, otros Bs. 4.000.000.000.000.000 o 4 mil billones. Hablamos de un cuatro nada más, pero con 15 ceros en su estela.

Las magnitudes de cifras escapan a la capacidad del cerebro humano para procesarlas. Y lo decimos de esa manera, porque si usted tuviera que multiplicar, por ejemplo, un precio de 35 millones por, digamos, 25 unidades, no sólo se le imposibilita hacerlo mentalmente, sino que también le sucedería lo mismo a su calculadora. Porque a ella, a la calculadora, quien la diseñó, nunca pensó que alguien ajeno al mundo de la astrofísica, donde las mega cifras se expresan de otra forma, tendría que lidiar con semejantes magnitudes.

El problema ahora es que los sistemas de informática de los bancos, tampoco están equipados para semejante avalancha de dígitos. Y aunque eso no lo digan, ellos, los bancos, se están acercando al límite de su capacidad.

La situación en la que nos encontramos, es que, a la velocidad de aumento de la liquidez, al ser exponencial, excede la velocidad de reacción de los seres humanos para lidiar con ella. Es por eso por lo que, como han dicho muchos economistas, como es el caso de José Guerra -y quien lo ha explicado de manera sencilla- sin un Plan de Reforma Monetaria en el horizonte, ni imprimiendo billetes con más o menos ceros en papel bond, se va a resolver el entuerto.

El problema, señores, no es de ceros. Es de criterios. Cualquier Reforma que se emprenda, tiene que ser a partir de una unificación y liberación cambiaria, con un ajuste en los precios de los servicios públicos, en especial, de la gasolina, del agua y de la electricidad, de la fijación de un salario mínimo y de un Plan de Desestatización de Empresas.

Por supuesto, y por aquello de que lo último no puede ser instantáneo, para crear confianza en los inversionistas, se requiere de un sustancial financiamiento puente que haga posible el fortalecimiento de reservas. Porque, de lo contrario, irremediablemente, la nueva moneda irá al mismo basurero en donde hoy están las anteriores.

Con mucha pena, pero hay que decirlo: es improbable que un financiamiento de esas magnitudes aparezca con la actual composición del Gabinete Económico, como del díscolo Banco Central de Venezuela.

Parecería que lo primero que se requiere es, cuando menos, un cambio total del equipo económico gubernamental, incluyendo el retorno a la Madre Patria del aparente zar de la economía venezolana, Alfredo Serrano Mancilla. Lo segundo es estar atentos a las lecciones de la historia, y en donde sobresale que una Reforma Monetaria a medias, sencillamente, se puede terminar convirtiendo en otro “Plan Primavera” similar al de la Argentina de 1989, y que lo que hizo fue disparar la hiperinflación. Con la salvedad de que la hoy tierra que lidera Mauricio Macri –aunque cueste creerlo- fue mucho más benigna que la que ya estamos sufriendo los venezolanos. Sí, de los mismos que ya dejamos de ser expedicionarios en territorios no explorados -al menos en América-  en materia de mal manejo monetario.