Peligrosidad en las conocidas zonas de nadie

22/11/2017

Por: Harianlys Zambrano

El periodista especializado en criminalística, Javier Ignacio Mayorca, habló en la edición de “Crímenes Sin Castigo” de hoy sobre:  “Uno de los puntos que resultan más atractivos para la delincuencia en la geografía urbana son las llamadas zonas de nadie

Las zonas de nadie son los espacios donde las autoridades policiales no pueden tener una presencia activa. Esto puede suceder por diversas razones. Hay países como Venezuela que han reconocido el concepto de autonomía universitaria en toda su extensión, e incluso lo han incorporado a sus constituciones. Esto implica en muchos casos que la seguridad de la comunidad universitaria queda en manos de equipos diseñados por las propias autoridades del campus. Cuando ocurre algún delito violento, como pueden ser homicidios o lesiones, la entrada de los cuerpos de investigación tiene que ser consensuada con los rectorados correspondientes.

Otras zonas de nadie son aquellas donde el poder central toma la decisión de prohibir la permanencia de agentes de cuerpos de seguridad. Una zona de nadie muy famosa desde 2006 en caracas es el sector el observatorio de la parroquia 23 de enero. Allí la atribución de vigilar a la comunidad fue cedida a organizaciones denominadas colectivos. Y son sus líderes los que permiten o impiden el paso de los cuerpos policiales cuando se presenta un delito violento o en flagrancia, como puede ser por ejemplo un caso de secuestro en el que la víctima se encuentre cautiva en el interior de ese territorio.

Finalmente, a partir de 2013 se presentó en Venezuela otra modalidad de zona de nadie, pero en sectores predominantemente rurales. En este caso, fueron llamadas zonas de paz. Solo en barlovento, informes de la guardia nacional indican que hay unas 27.

El problema con las zonas de nadie, en cualquiera de sus modalidades, es que implican la cesión por parte del estado de una de sus atribuciones esenciales, que es garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Esto es, si se quiere, la razón de ser primaria del estado. Por ende, cuando se produce una cesión de esta función en grupos particulares sin ningún tipo de regulación ni supervisión existe un riesgo muy grande de que los particulares suplanten esa y otras funciones del estado, y terminen desplazándolo.

Hay zonas de nadie en Venezuela donde estas organizaciones, colectivos o bandas criminales, se han constituido en reguladoras de la vida cotidiana, no solo dicen ofrecer seguridad sino que también se constituyen en mediadoras para la resolución de conflictos e igualmente en impartidoras de un sentido muy particular de la justicia, por métodos violentos.

Las zonas de nadie existentes en las universidades ameritan una consideración especial, toda vez que allí la idea es llevar a cabo una actividad académica con total libertad. Esta circunstancia sin embargo también es aprovechada en forma consistente por hampones de todo tipo. Casos recientes reportados en los alrededores del hospital clínico de la ciudad universitaria y las vías internas de la universidad metropolitana así lo confirman.

Por ende, los ciudadanos deben estar conscientes de que los niveles de riesgo son mayores cuando se está en estas zonas de nadie o en sus periferias, donde la presencia policial también es escasa o brilla por su ausencia.

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