El Banco Central de Venezuela publicó cifras de inflación y crecimiento que despertaron cuestionamientos entre economistas. Manuel Sutherland, Leonardo Vera y Asdrúbal Oliveros valoran como un paso positivo el fin del silencio estadístico, pero advierten sobre inconsistencias y falta de claridad.
Caracas. Después de más de tres años sin publicar con regularidad los principales indicadores macroeconómicos, el Banco Central de Venezuela (BCV) divulgó de manera sorpresiva las cifras del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) hasta febrero de 2026 y del Producto Interno Bruto (PIB), la medida más utilizada para calcular el tamaño y crecimiento de una economía, hasta diciembre de 2025.
Los datos revelan una inflación anual de 475 % en 2025, mientras que en los dos primeros meses de 2026 alcanzó 51,9 %, luego de registrar un aumento de 32,6 % en enero y 14,6 % en febrero. Asimismo, el informe situó el crecimiento económico en 8,66 %.
Estas cifras reflejan una fuerte aceleración en la dinámica de precios, un fenómeno que afecta directamente el costo de vida de los hogares y complica la planificación financiera de empresas y consumidores.
Luego que esos datos fuesen distribuidos a través del portal web del ente emisor, economistas iniciaron los análisis correspondientes. Una de las principales conclusiones es que los números presentan inconsistencias, lo que genera dudas sobre la metodología de cálculo.
Opacidad institucional
Las dudas se centran, principalmente, en la coexistencia de una inflación extremadamente elevada con estimaciones de crecimiento económico relativamente altas. Además, la ausencia prolongada de estadísticas oficiales completas impiden contrastar con mayor precisión la evolución de la actividad económica en el país.
Especialistas consultados por Crónica Uno advirtieron que organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, institución financiera internacional que supervisa la estabilidad económica global, el Banco Mundial, organismo que financia proyectos de desarrollo en distintos países, y empresas trasnacionales son muy meticulosos con este tipo de indicadores.
Por eso insistieron en que, mientras no exista claridad en los mismos, es poco probable que llegue la tan anhelada inversión que tanto pregonan desde el Ejecutivo nacional, especialmente en sectores que requieren grandes flujos de capital y estabilidad macroeconómica.
Una vez conocidas las cifras, los especialistas se abocaron a cotejarlas con otros indicadores económicos, muchos de estos provenientes de entes privados u organismos multilaterales, en busca de coherencia.

Primeras dudas sobre las cifras
El economista Manuel Sutherland, director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), organización dedicada al estudio de la economía venezolana desde una perspectiva académica y laboral, lamentó que no se hayan publicado datos del Producto Interno Bruto (PIB) completas desde el primer trimestre de 2019.
Esta omisión, a su juicio, dificulta analizar con continuidad el comportamiento de la economía venezolana en los últimos años.
“Lamentablemente vivimos una censura estadística terrible y eso evidentemente genera una desconfianza tremenda y la publicación de esas cifras da un espaldarazo importante a un proceso de cambio que se está tejiendo y que es necesario para el país, pero hace falta más claridad”,argumentó.
Explicó que la publicación de la inflación y de parte del crecimiento económico no es suficiente. Recordó que para recuperar confianza es necesario que se den a conocer todos los indicadores económicos. Esto incluye estadísticas fiscales, laborales y productivas que permitan evaluar el desempeño integral de la economía.
“Cualquier país que no quiera ser un Estado fallido debe publicar la mayor cantidad de estadísticas y data posibles. Lo del crecimiento económico me resulta un poco inverosímil y muy extraño porque ha habido una inflación muy grande. Probablemente, la acumulada sea menos de 500 % y una condición de destrucción del poder adquisitivo tan profundo, es muy difícil que haya habido un crecimiento tan elevado”, expuso.
Alertó que también se ha sobreestimado el PIB petrolero, es decir, la parte de la economía asociada a la producción y exportación de crudo, y que hay inconsistencias en los datos, que además calificó como dramáticas.
“Por ejemplo, la recaudación interanual de 2025, comparada con la de 2024 en términos reales es menor, entonces si es bastante menor y la inflación es tan fuerte, es muy difícil pensar que la economía haya crecido”, insistió.
A pesar de las críticas, el economista celebró la intención de cesar la censura estadística. A propósito, espera que las próximas cifras reflejen la realidad del acontecer económico del país, especialmente si se publican de manera periódica y con metodologías transparentes.

Inflación en ascenso
Leonardo Vera, economista, profesor universitario e individuo de número de la Academia de Ciencias Económicas y Sociales (ANCES), institución académica que reúne a especialistas dedicados al estudio de la economía venezolana, precisó que la inflación en Venezuela está fuera de control, tal como lo evidencian las estadísticas publicadas por el BCV.
“Desde que se perdió el último anclaje del tipo de cambio oficial en septiembre de 2024, la inflación cobró una enorme fuerza. La tendencia en la tasa de inflación es creciente, por tanto, el problema está lejos de ser resuelto. La inflación promedio mensual (desde septiembre de 2024 hasta febrero de 2026) es 15,7 %, 4 veces más grande que la inflación media de América Latina”,precisó.
Ante este escenario el especialista ponderó estos resultados como una señal de gran volatilidad. Tal diagnóstico genera incertidumbre para las empresas y para los consumidores, pues dificulta prever costos, salarios y precios a corto plazo.
“Es estadísticamente más probable que la inflación en el mes siguiente sea una sorpresa al alza que una sorpresa a la baja”, dijo.

Políticas económicas bajo cuestionamiento
Vera alegó que un análisis de las cifras publicadas recientemente por el BCV, enfocado en sus implicaciones económicas más que en su valor estadístico, lleva a una conclusión ineludible: las políticas implementadas para controlar la inflación no han logrado su objetivo fundamental.
“En esencia el repunte de la tasa de inflación en Venezuela es una muestra del fracaso de usar una estrategia basada solamente en el anclaje de la tasa de cambio, anclaje que descansa además en dos políticas que dejan huellas muy negativas. La primera fue el congelamiento, que ya lleva 4 años, de la escala salarial, especialmente en el sector público. La segunda, el congelamiento del crédito a través de una política monetaria de encaje obligatorio monumental de 73 % de los depósitos”, precisó.
El encaje bancario es el porcentaje de dinero que las entidades financieras deben mantener inmovilizado en el BCV. Esta medida que reduce la capacidad de otorgar préstamos a empresas y familias.
Al respecto, sostuvo que la aplicación de estas dos medidas buscaba reducir las presiones sobre el tipo de cambio mediante la disminución de la demanda de divisas.
“El tipo de cambio se estabilizó por unos meses mientras hubo una cierta oferta transitoria de divisas con las inyecciones directas de Chevron y el BCV. Pero eso era un diseño muy frágil proponiendo anclar la tasa de cambio en una economía que no posee reservas internacionales líquidas y poniendo todo el peso sobre los más débiles”, agregó.

Más viva que nunca
En opinión de Vera, mientras no se modifiquen las actuales políticas económicas, el escenario de resultados se mantendrá igual de desalentador.
“La inflación está más viva que nunca, los salarios reales se siguen desplomando y los hogares no tienen como mitigar los efectos pues no hay crédito. Cuando decimos que no hay crédito es literal, los hogares en Venezuela no tienen acceso al crédito, pues el crédito al consumo está extinguido”,subrayó.
Desde su evaluación, actualmente gran parte de la población vive cerca o por debajo del umbral de pobreza, como se denomina al nivel de ingresos mínimo necesario para cubrir necesidades básicas, y que con total razón elevan su reclamo de aumentar el salario y los ingresos.
“Las fórmulas para salir de la inflación están a la mano. La experiencia Latinoamericana es aleccionadora. Vale analizar los programas de estabilización de Brasil, Bolivia, Perú o México en los 1990s. Ninguno fue igual, y desde luego nada parecido al experimento social venezolano”, indicó.

Persisten vacíos en la información económica
Por su parte, Asdrúbal Oliveros, economista y consultor empresarial, alertó que todavía falta la publicación de otros indicadores. Entres estos citó los correspondientes al número de empleados públicos y pensionados.
“Los investigadores económicos en Venezuela somos mitad analistas y mitad detectives, porque la ausencia de data es profunda y específicamente del mercado laboral, mucho más profunda, sobre todo porque el Instituto Nacional de Estadística (INE) que es el ente que hasta hace algunos años publicaba en detalle la nómina pública y privada, tiene mucho tiempo sin dar a conocer esta información”, escribió en una publicación en sus redes sociales.
Para el experto, los datos de formalidad, informalidad y pensionados resultan cruciales: no solo alimentan el análisis económico, sino que inciden directamente en definiciones como la del salario mínimo.
“Los datos que manejamos en este sentido, son información que se le escucha en algunas reuniones a funcionarios del Estado. Eso ayuda un poco a entender la realidad del número de trabajadores, sobre todo del sector público. El estimado extraoficial está en el orden de entre 2.500.000 y 3.000.000 de personas y un estimado de pensionados que va entre 4.000.000 y 5.000.000, que es son números bastante altos”, señaló.

Expectativas sobre el salario mínimo
Oliveros destacó que al conocer las cifras de empleo en el país y el estimado de ingresos por renta petrolera, que son los recursos que obtiene el Estado por la exportación de crudo, se podría sacar un estimado de cuánto podría ser el ajuste del salario mínimo.
“Con las cifras estimadas que manejamos hoy en día de trabajadores y pensionados, es imposible aumentar el salario mínimo a $200 porque la mayoría del dinero que va a ingresar al país se tendría que utilizar para pagar a los trabajadores. Ahora bien, si esos datos son publicados, el cálculo podría ser mucho más preciso”,añadió.
En cuanto a sus expectativas del aumento de salario mínimo, Oliveros declaró, que dejando a un lado, “el tema moral y de justicia salarial” y basándose en evidencia económica, podría ubicarse en $100 y los pensionados tendrían un aumento entre $50 y $80.
La publicación de estas cifras, tras años de silencio estadístico, representa un paso hacia una mayor difusión de datos económicos en el país, aunque, enfatizaron los especialistas, la credibilidad de estos indicadores dependerá de la continuidad en la publicación de estadísticas completas y de la transparencia en la metodología utilizada para calcularlas.
CRÓNICA UNO
























