Venezuela perdió 2.000.000 de emprendedores en los últimos dos años, lo que evidencia un ecosistema empresarial debilitado y altamente informal. Especialistas advierten que esta tendencia consolida negocios de baja productividad y alta rotación, sin sostenibilidad.
Caracas. La caída del emprendimiento en Venezuela ya no es una tendencia, sino un síntoma de agotamiento: 2.000.000 de iniciativas han desaparecido en apenas dos años y la actividad emprendedora cayó a su nivel más bajo desde 2003. En un contexto de precariedad salarial, emprender sigue siendo la salida más común para generar ingresos, pero cada vez menos proyectos logran sostenerse en el tiempo.
Esta es una de las principales conclusiones que arroja el estudio denominado “Radiografía del Emprendimiento en Venezuela”, realizado de forma conjunta por el Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA), la Universidad Católica Andrés Bello y el Global Entrepreneurship Monitor (GEM).
El informe, que analiza el comportamiento de quienes inician negocios en contextos de crisis, perfila un ecosistema cada vez más reducido, donde predominan iniciativas de subsistencia, actividades económicas orientadas a cubrir necesidades básicas inmediatas, que no logran superar sus primeras etapas. El año 2025, según revela la investigación, marca la consolidación de un entorno de baja intensidad emprendedora.
La Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) ha continuado su descenso, situándose en 7,7 %, lo que representa una caída de 4 puntos porcentuales respecto al 11,7 % de 2024 y una amplia diferencia frente al 22,7 % registrado en 2023.
Este indicador, utilizado a nivel internacional, mide el porcentaje de adultos que están iniciando o gestionando un negocio con menos de 42 meses de operación, y su descenso refleja una menor capacidad de generación de nuevas iniciativas económicas.

Ecosistema afectado
Un total de 2.000.000 de emprendimientos han desaparecido en el último bienio, lo que evidencia que la estrategia de “emprender para comer” ha alcanzado un techo estructural. En términos prácticos, esto implica que cada vez menos venezolanos logran sostener sus negocios más allá del corto plazo, especialmente en un entorno marcado por inflación y bajos ingresos.
“El ecosistema venezolano ha perdido aproximadamente 1.300.000 emprendedores en el último año, al pasar de 2.700.000 en 2024 a cerca de 1.400.000 en 2025”, explicó Luis Lauriño, investigador y miembro del GEM Venezuela.
Esta contracción —una reducción acelerada del número de personas que intentan emprender— no solo limita la creación de nuevos negocios, sino que también reduce las oportunidades de empleo en un país con escasas opciones formales.
En este sentido, aseguró que los datos arrojados por el estudio son contundentes y aclaró que la población adulta entre 18 y 64 años ve con mucho “optimismo” la figura del emprendimiento; no obstante, la situación económica y las dificultades para obtener capital semilla, dinero inicial necesario para arrancar un negocio, para el desarrollo del negocio impiden que la idea madure.
«El 77,8% de la actividad emprendedora se encuentra en etapa naciente (sin pagar salarios aún), lo que indica un sistema que intenta reiniciarse constantemente pero no logra madurar»,sostuvo.
Asimismo, detalló que la tasa de negocios establecidos se mantiene estática y añadió que los niveles son críticos, al registrar 1,9 % (frente al 1,8 % de 2024), lo que mantiene a Venezuela entre los niveles de sostenibilidad empresarial más bajos del mundo.
“Aunque ha bajado levemente, el 88% de los emprendedores sigue motivado por la escasez de empleos, confirmando que el emprendimiento en Venezuela es una estrategia de supervivencia individual ante la precariedad salarial”, expuso.

Actividad emprendedora
En este contexto de contracción sostenida, Demetrio Marotta, quien también se desempeña como investigador del GEM Venezuela, aseguró que la actividad emprendedora en Venezuela en 2025 se consolida como un fenómeno de resistencia extrema ante la crisis.
La contracción del mercado y la persistente falta de financiamiento han depurado el ecosistema, reduciendo de forma significativa el volumen de personas involucradas.
“La TEA de Venezuela se ubicó en 7,7 % en 2025, el valor más bajo desde que se lleva registro en el país (2003). Esta caída sugiere un agotamiento definitivo de los ahorros familiares utilizados para el autofinanciamiento, elevando el costo de entrada al ecosistema más allá de las capacidades de la mayoría de la población”, advierte.
Con respecto al monto mínimo de capital inicial para un emprendimiento, señaló que ese número dependerá del tipo de negocio que se busque desarrollar; sin embargo, mencionó que en promedio se requieren entre $ y $20.000.
“Muchas veces la estructura de costos se ha vuelto insostenible para los emprendimientos. Otro factor que también les perjudica es que 60 % del presupuesto familiar se dedica a alimentos y medicinas, por lo tanto, no queda prácticamente nada para reinvertir en el negocio. Además, 58 % de los consumidores están dispuestos a cambiar de marca, lo que afecta abiertamente la fidelidad. Todos estos aspectos hacen que el emprendimiento no surja”, adujo.
En cuanto a las etapas de la actividad emprendedora, Marotta precisó que “la gran mayoría de las iniciativas están atrapadas en la fase de gestación, como se conoce al momento inicial en el que la idea aún no se consolida, y mueren antes de lograr operatividad real”.

Perfil del emprendedor
Pese a la contracción general, la actividad mantiene una base joven, lo que sugiere que el emprendimiento sigue siendo una salida ante la falta de empleo formal. La actividad se concentra fuertemente en los tramos de 18 a 44 años, que agrupan a cerca de 74 % de los emprendedores tempranos.
“El tramo de 18-24 años fue el que registró el mayor aumento porcentual. Se mantiene un perfil de capital humano calificado subempleado: el 53% de los emprendedores tiene educación secundaria y un 24% posee educación superior (terciaria)”.
En 2025 se observa una participación más paritaria en la etapa temprana: 50,3 % hombres y 49,7 % mujeres. “En la fase establecida, la brecha se cierra de manera importante alcanzando porcentajes de 52 % hombre y 48 % mujeres, cuando en 2024 era 74 % y 26 % respectivamente”, precisó el estudio.

Barreras de supervivencia
Sin embargo, la posibilidad de sostener estos negocios en el tiempo sigue siendo limitada. La “Radiografía del Emprendimiento en Venezuela” señala que la incapacidad de generar flujo de caja suficiente para pagar salarios más allá del tercer mes sigue siendo el principal “filtro mortal”, lo que devuelve a miles de emprendedores a la inactividad o a la informalidad de subsistencia.
Además, indicó que la falta de financiamiento bancario, las altas tasas de inflación mensual , la brecha cambiaria y políticas públicas inadecuadas dificultan que los emprendimientos sobrevivan en el tiempo. Estos factores, combinados, configuran un entorno económico inestable que desalienta la inversión y limita el crecimiento de los negocios.
“El índice nacional de contexto emprendedor se ubica en 3,23 lo que nos ubica de penúltimos en el índice global. Solamente superamos a Angola que cuenta con una puntuación de 3,05. El país que tiene el mejor contexto para emprender es Emiratos Árabes Unidos, seguido por Taiwán y Arabia Saudita”, añadió Aramis Rodríguez, profesor, investigador y consultor.

Recomendaciones estratégicas
Frente a este panorama —marcado por caída, alta mortalidad empresarial y baja sostenibilidad—, los expertos plantearon ajustes estructurales para intentar revertir la tendencia.
Entre las recomendaciones para mejorar el entorno de los emprendedores en Venezuela, Ramírez precisó que la política pública debe abandonar la métrica de cantidad de inscritos en el Registro Nacional de Emprendimientos (RNE), un registro oficial de nuevos negocios, y enfocarse en la tasa de transición hacia negocios establecidos, la cual se mantiene estancada en un crítico 1,9%.
“Se deben implementar programas de acompañamiento que garanticen exoneraciones reales de impuestos nacionales y municipales durante los primeros 4 años, dado que el 77,8% de los emprendedores en 2025 está atrapado en la fase naciente”,señaló.
Del mismo modo, sugirió la aprobación de líneas de crédito de mediano plazo ($5000 – $50.000) destinadas a la inversión en bienes de capital, superando el esquema de microcréditos de subsistencia que no logra alterar la estructura de “mortalidad empresarial”.
“El Estado debe publicar cifras sobre la deserción en el Registro Nacional de Emprendedores para permitir el diseño de políticas de retención, considerando que la «energía emprendedora» se disipa y propaga en un entorno donde solo una mínima fracción de los intentos iniciales prospera”, dijo.

Sector privado y académico
Ante el aumento del autoempleo, el especialista señaló que la banca privada debe adaptar sus productos de crédito, vinculándolos a asistencia técnica en gestión financiera y de costos en entornos multimoneda e inflacionarios.
“Debe existir una integración en las cadenas de valor. Las grandes empresas deben certificar a estos nuevos emprendedores como proveedores. Con solo un 21,6% de emprendedores empleados a tiempo completo en 2025, la generación de demanda a través de redes corporativas es más importante para la supervivencia que el crédito mismo”, insistió.
En cuanto a los programas académicos, destacó que deben canalizar ofrecer herramientas de “Gerencia de Crisis” y “Productividad Mínima”.
“Es necesario evaluar e identificar las causas del cierre de emprendimientos en etapas iniciales, teniendo entre las posibles: la presión fiscal, las fallas de servicios, la falta de demanda y financiamiento. Además Impulsar la adopción de tecnología básica (contabilidad en la nube y e-commerce), dado que la gran mayoría de los emprendimientos de 2025 operan bajo modelos rudimentarios de baja barrera de entrada impulsados por la necesidad”, agregó.
Como gran conclusión del estudio, el equipo de GEM Venezuela asegura que “sin una intervención sistémica que estabilice las condiciones del entorno, Venezuela corre el riesgo de consolidar un tejido empresarial de baja productividad y alta rotación, fundamentalmente asociado al sector informal, perdiendo el potencial de su capital humano calificado”.
En otras palabras, sin cambios de fondo, el país podría quedar atrapado en un ciclo donde se crean muchos negocios, pero casi ninguno logra consolidarse ni crecer.
CRÓNICA UNO























