Adolfo Alvarado, especialista en bienestar corporativo y director estratégico de Sport Madness México, explica cómo la activación física impacta directamente en la productividad y en el cumplimiento de los criterios ASG (Ambiental, Social y Gobernanza).
Para Alvarado, la pandemia marcó un punto de inflexión donde la salud del ser humano y la productividad se volvieron inseparables. Hoy en día, el bienestar ya no es opcional, incluso desde una perspectiva legal.En países como México, la Norma 035 obliga a las empresas a identificar y prevenir factores de riesgo psicosocial, integrando el bienestar en el marco jurídico empresarial. El bienestar se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), específicamente el ODS-3 (Salud y Bienestar) y el ODS-8 (Trabajo Decente), convirtiendo la salud del talento en un indicador de gestión tan relevante como la gestión de residuos o emisiones.
El bienestar físico no solo mejora la salud individual, sino que transforma variables críticas del negocio. Datos de consultoras como Gallup respaldan que los empleados con alto bienestar presentan un 41% menos de ausentismo y son un 17% más productivos.
- Clima y resiliencia: La actividad física ayuda a generar equipos más resilientes, capaces de manejar altos niveles de estrés sin comprometer la salud o la operación.
- Retención de talento: Integrar programas de bienestar sólidos mejora el clima organizacional, lo que se traduce en una mayor lealtad del colaborador y una reducción en los costos asociados a la rotación.
Uno de los mayores retos para las empresas es cómo implementar estos programas de forma global y efectiva. Alvarado destaca el papel de herramientas digitales como Activi, que permiten escalar la activación física a través de la tecnología. Estas plataformas permiten crear retos deportivos donde los colaboradores suman puntos por caminar, nadar, hacer yoga o entrenamiento de fuerza.
Alvarado es enfático: para que el bienestar sea estructural, debe salir de la esfera exclusiva de Recursos Humanos y llegar al Comité de Dirección. Requiere un presupuesto definido, visibilidad estratégica y, sobre todo, que los líderes de la organización sean los primeros en adoptar y promover estos hábitos. «Si las personas están sanas, vas a tener una empresa sana», destacó.
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