El mercado energético global atraviesa un estado de conmoción tras el cierre práctico del Estrecho de Hormuz, una arteria vital por la que circula aproximadamente el 20% del crudo mundial y un porcentaje similar de gas natural licuado (GNL). En una entrevista exclusiva para el programa Petroguía, el ingeniero Juan Szabo, consultor energético y exvicepresidente de Exploración y Producción de PDVSA, analizó el impacto de este conflicto y las limitadas válvulas de escape de la oferta global.
La parálisis del estrecho, motivada por la suspensión de seguros a tanqueros y recientes ataques con drones, ha disparado los precios de manera alarmante. Según Szabo, el crudo Brent ya ronda los 100 dólares por barril, mientras que en Asia el precio del gas licuado se ha duplicado, alcanzando los 25 dólares por millón de BTU.
«El estrecho no tiene muchas alternativas», advirtió Szabo. La única vía de alivio es un oleoducto en Arabia Saudita hacia el Mar Rojo, pero su capacidad de 5 millones de barriles es insuficiente frente a los 17 millones que transitan habitualmente por Hormuz.
¿Es el petróleo ruso la solución?
Ante la crisis, la administración de Donald Trump ha decidido levantar temporalmente las sanciones a la comercialización del petróleo ruso. Sin embargo, Szabo califica esta medida como un «paliativo».
- Alcance limitado: La medida se enfoca en inventarios flotantes en el Golfo de Omán que no habían podido colocarse.
- Alternativa G7: Szabo considera de mayor impacto la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas acordada por el G7 y la IEA.
Paradójicamente, el conflicto beneficia a Venezuela en dos vertientes: el incremento de ingresos por los altos precios y una mejora relativa en el atractivo para la inversión, al estar geográficamente alejada del conflicto en Medio Oriente y Ucrania.
«Si vas a los máximos, la mayoría de los negocios no son competitivos», afirmó Szabo.
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