¿Cómo blindar el salario en Venezuela?

Frente a las distorsiones que genera la inflación y las bonificaciones del ingreso, la doctora Isolde González, economista, experta en seguridad social e investigadora del Centro de las Personas y de la Empresa (CEPE) de la Universidad Monteávila, ha presentado una propuesta técnica que busca blindar el salario del trabajador venezolano para permitirle ahorrar, progresar y garantizar su estabilidad futura.

Para González, quien coordinó la Comisión para la Reforma de la Seguridad Social en la década de los noventa , el concepto tradicional de salario mínimo fijado por el Estado se ha convertido en una fuente de distorsión económica.

«El salario no es un hecho puramente social, es un hecho económico incorporado en los valores y costos de producción de una empresa. Al fijar salarios mínimos de forma clientelar sin base en la productividad, terminas alimentando al peor enemigo de la familia y de los inversores: la inflación. Hay que quitarle a la toma de decisión política el ajuste de los sueldos «.

La especialista señala que el esquema actual en el país, caracterizado por una brecha cambiaria y una fuerte dependencia de bonos que no impactan verdaderamente las prestaciones sociales, mantiene el beneficio del trabajador completamente rezagado frente al costo de la cesta básica.

La Unidad de Valor: Indexación híbrida

La solución técnica que modela González no pasa por la fijación unilateral de montos, sino por la creación de una Unidad de Valor contable y registrada. Inspirada en mecanismos exitosos como la Unidad de Fomento de Chile, pero adaptada a la compleja realidad venezolana, su propuesta no ata el indicador a la canasta básica para evitar traspasar la inercia inflacionaria, sino a variables macroeconómicas de flujo real.

La fórmula propuesta por la investigadora se compone de la siguiente manera:

  • 70% anclado al valor del dólar
  • 30% anclado al precio y productividad del petróleo

Bajo este modelo, cada unidad tendría un valor base equiparable a un dólar. «Si establecemos un piso de partida de forma consensuada, las escalas salariales y sus ajustes se automatizan en función de los vaivenes del mercado petrolero y el tipo de cambio, protegiendo al flujo laboral de la devaluación sin asfixiar la estructura de costos corporativa», detalla González.

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