Castillo: «Para un buen aumento salarial se necesita reformar la Ley del Trabajo»

Ante la expectativa nacional por los anuncios económicos del próximo 1 de mayo, Henrique Castillo, miembro de la Comisión Laboral de Fedecámaras, analizó el panorama salarial en Venezuela y los desafíos que enfrenta el sector empresarial frente a una posible indexación o aumento de ingresos.

Castillo destacó que, tras cuatro años sin un aumento formal del salario mínimo, este 2026 presenta una voluntad gubernamental distinta. Sin embargo, advirtió sobre la complejidad de un incremento directo en el salario debido al impacto del pasivo laboral que arrastra tanto el sector público como el privado.

La trampa de la retroactividad y el pasivo laboral

Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el debate sobre la naturaleza de la compensación en Venezuela. Según Castillo, la mayoría de los empresarios se ven forzados a operar bajo un esquema de bonificaciones para evitar el lastre de las prestaciones sociales retroactivas.

«Tú no tienes idea de cómo va a variar esa tasa porque al final estás atado con el dólar. Entonces, al final, tú no sabes cuánto es que tienes que tener tú aprovisionado por prestaciones sociales».

Para el gremialista, el modelo actual de retroactividad representa un impacto negativo para la economía. Castillo propone que ese dinero, en lugar de estar inmovilizado en una caja, debería dinamizar la economía a través del consumo o fortalecer un sistema de seguridad social sólido para los pensionados.

Proyecciones para el 1 de mayo

Al ser consultado sobre el monto esperado del aumento, Castillo fue cauteloso, señalando que, desde un punto de vista estrictamente económico, la capacidad de respuesta del Estado es limitada debido al efecto multiplicador de las convenciones colectivas.

«Mi predicción sería que tiene que tener carácter provisional. Un ejemplo del pasado muy pasado es el bono compensatorio que existió a finales de los 80… una bonificación que no tenía carácter salarial».

Castillo describió la situación actual como un salvaje oeste laboral donde la falta de uniformidad de criterios por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) genera incertidumbre. A pesar de esto, resaltó que el mercado ha obligado al sector privado a buscar formas creativas de compensación.

«¿Qué necesitamos más? «¿Un salario mínimo dictado por un gobierno, o un sistema de relaciones laborales y un sistema económico que permita que fluya el ingreso?», destacó el gremialista.

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