La crisis y el alto costo de la formación profesional han impulsado el aprendizaje autodidacta mediante redes sociales en Venezuela. Emprendedores de todo tipo han encontrado en plataformas digitales una escuela accesible que democratiza el conocimiento y les permite desarrollar habilidades para generar ingresos.
Caracas. El olor a vainilla y chocolate acompaña a Nelly desde hace casi cinco años. Entre moldes y bandejas, levantó un emprendimiento que nació como respuesta a la crisis y que, poco a poco, se convirtió en una pasión.
Cada mañana, la cocina se impregna de dulzura. Mientras mezcla harina y huevos, recuerda que ese espacio nació como una salida económica y hoy es su lugar de creación y principal fuente de sustento, fruto de un aprendizaje autodidacta—es decir, el proceso de formación en el que una persona adquiere conocimientos y habilidades por cuenta propia, sin depender de instituciones educativas formales—.
En plena pandemia de Covid-19, cuando estudiar en academias resultaba casi imposible, encontró en las redes sociales una escuela abierta donde perfeccionar sus técnicas y ampliar su repertorio de postres.
Nelly, quien ya elaboraba recetas sencillas, se formó en línea con la repostera Vanessa Sojo y otros especialistas internacionales. Gracias a ello desarrolló nuevas habilidades y logró diversificar su oferta de productos.
“Lo veía desde la comodidad de mi casa, podía acceder a varios profesores, reposteros de todo el mundo que compartían sus conocimientos a través de Instagram Live y YouTube. Gracias a las redes sociales, he aprendido mucho y he crecido en mi emprendimiento agregando nuevos productos”,aseveró.
Su experiencia refleja la de muchos que, ante la falta de oportunidades formales, han encontrado en internet una escuela. Mientras un curso básico de repostería en una academia puede costar entre $200 y $800 —un monto inaccesible para la mayoría si se considera que el salario mínimo venezolano es de Bs. 130— las plataformas digitales se han convertido en una alternativa gratuita o de bajo costo.

Hiperinflación e ideología
La crisis económica también impactó a instituciones como la Academia América, que durante décadas ofreció una amplia variedad de cursos. De igual manera, el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) fue durante años una opción para jóvenes que buscaban un oficio, con un modelo de pasantías que garantizaba su inserción en el mercado laboral.
Sin embargo, la hiperinflación redujo tanto la lista de cursos como la matrícula en la Academia América, lo que llevó al cierre de varias de sus sedes. El Inces, por su parte, orienta hoy su oferta hacia la formación técnico-productiva, con énfasis en la economía comunal.
De acuerdo con el informe Apropiación de las Tecnologías Digitales en la Región, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), las redes sociales dejaron de ser espacios de entretenimiento para convertirse en herramientas clave de aprendizaje informal en la región.
En Venezuela, donde más de 15.000.000 de personas usan estas plataformas activamente —53 % de la población, según Data Report— muchos han encontrado en ellas un universo de conocimientos.
Expertos consultados por Crónica Uno destacaron que en la actualidad las redes sociales funcionan como verdaderos salones de clase para quienes desean aprender, especialmente para las poblaciones vulnerables que no pueden costear un curso tradicional.

Democratización del conocimiento
La constancia de Nelly se refleja en el repertorio de cursos que ha tomado gracias a las redes: repostería básica y profesional, ganache mágico, gelatina artística, brigadeiros y más. Para ella, la mayor ventaja de la formación digital es la flexibilidad.
“Puedo administrar el tiempo de formación, lo ves cuantas veces quieras. Este modelo me permite repasar el material y refrescar conocimientos que, con el tiempo, podría olvidar”.
Iskra Granados, especialista en redes sociales y coordinadora de comunicaciones y mercadeo del hospital San Juan de Dios, explicó que Instagram, TikTok y YouTube se han transformado en vitrinas educativas. El acceso libre y la retroalimentación de la comunidad hacen que aprender un oficio sea mucho más asequible y flexible.
“Esto ha permitido que cuentas como @reposteria_club o @costureraspremium en TikTok, puedan ofrecer tutoriales, intercambiar técnicas, incluso vender sus creaciones”,añade.
Granados precisó que estas plataformas crean ecosistemas completos de aprendizaje. Hace apenas unos años, los cursos en línea se limitaban a plataformas especializadas de e-learning. Hoy, el contenido formativo está disponible de manera abierta en redes sociales, lo que representa una oportunidad clave para personas en situación de vulnerabilidad económica.
“Más del 76 % de la población adulta está en redes sociales, y muchos de ellos buscan no solo entretenimiento, sino herramientas para generar ingresos. Este acceso democratiza el conocimiento y abre puertas que antes estaban cerradas”, reflexionó.

Autoaprendizaje para emprender
Margarita, por ejemplo, debió interrumpir sus estudios de Arquitectura por responsabilidades familiares y por la crisis económica. Desde hace tres años se dedica a la costura, sin experiencia previa, diseña y ofrece kits de para recién nacidos y ropa para bebés.
“Todo lo aprendí de forma empírica. Iba viendo videos en redes sociales, compraba revistas de patrones de costura hasta que aprendí la técnica. Fue un mundo de ensayos y error”, confesó.
Aaron Oramas, profesor universitario y especialista en educación a distancia, subrayó que la adultez facilita el autoaprendizaje porque las personas persiguen metas claras, motivadas por intereses personales o necesidades económicas.
“Lo que motiva a una persona a aprender algo tiene que ver con la motivación inicial que ella posee en función de ese oficio. Bien sea por un gusto emocional o por la necesidad económica”, agregó.
Aclaró, además, que aunque la situación del país ha impulsado este auge, el autoaprendizaje no es un fenómeno nuevo.
“La situación actual empuja a muchos a aprender un oficio a través de tutoriales en línea y a emprender un nuevo rumbo”,aseguró.
Alfabetización digital
Valentina Gamboa, magíster en Comunicación Social, resaltó que las redes permiten adquirir habilidades en fotografía, edición, storytelling y marketing digital para fortalecer emprendimientos.
También recalcó la importancia de la alfabetización digital: aprender a filtrar contenidos y comprender el propósito de cada plataforma. “Instagram va hacia lo visual e inspiracional, TikTok es más de consumo rápido y viralidad, YouTube permite contenido de mayor tiempo”.
“Es crucial que las personas desarrollen alfabetización digital: reconocer y filtrar lo que realmente les sirve, aprender a diferenciar entre entretenimiento y educación, y aplicar lo que ven y lo que les funciona a sus propios proyectos”.
La Asociación Civil Medianálisis, dedicada al estudio de medios y plataformas digitales, ha advertido que el país enfrenta grandes desafíos en ese ámbito. Es necesario fortalecer las competencias para verificar y discernir información, una habilidad fundamental en procesos de autoaprendizaje.
Para lograrlo, Gamboa recomendó identificar referentes en el área, comparar contenidos y participar activamente en comunidades especializadas.
Importancia de las comunidades
Granados insistió que las comunidades en WhatsApp o Telegram enriquecen la formación, pues permiten intercambiar técnicas, resolver dudas y recibir retroalimentación, lo que genera una red de apoyo que valida y potencia el aprendizaje.
Gamboa coincidió y añadió que un autodidacta exitoso no se queda con el primer referente que encuentra: debe contrastar fuentes y técnicas para ampliar su visión y acceder a nuevos conocimientos.
“La participación activa en estos grupos especializados es esencial para compartir e intercambiar conocimientos y seguir creciendo”,expuso
No obstante, las expertas alertaron sobre un riesgo: la ausencia de certificación formal, que todavía conserva peso en el mundo laboral.
Más allá de los hornos encendidos o las máquinas de coser improvisadas, lo que se revela es un fenómeno colectivo: una generación que aprendió a estudiar sin pupitres ni pizarras, a través de pantallas que se transformaron en aulas improvisadas.
La carencia de instituciones formales y la precariedad económica abrieron un vacío que hoy llenan las redes sociales, donde cada video visto puede significar un oficio, un ingreso o una esperanza. En ese cruce entre necesidad y creatividad, Venezuela ha encontrado una manera distinta de aprender, una que no entrega títulos oficiales, pero que otorga algo más valioso: la posibilidad de seguir adelante.
CRONICA UNO