El dilema del 1 de mayo y el impacto en las PYMES venezolanas

La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, anunció un ajuste salarial a partir del 1 de mayo, calificándolo como un incremento que busca la «estabilización». Ante la expectativa de estos anuncios, la incertidumbre reina en el bolsillo del venezolano; con una inflación acumulada que alcanzó el 250% al cierre del año pasado, según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), el poder adquisitivo se ha convertido en “sal y agua”, de la que el ciudadano debe deshacerse rápido para no perder valor.

El economista Antonino Piazza comparó los aumentos salariales en este entorno con «intentar llenar un balde con agujeros en el fondo». Para Piazza, la distinción entre el salario nominal (lo que se recibe) y el salario real (lo que se puede comprar) es crítica: un aumento del 50% frente a una inflación del 250% resulta, técnicamente, en ser un 200% más pobre.

El Ejecutivo Nacional ha mantenido una política de indexación basada en bonos sin incidencia salarial. Piazza señala que este modelo actúa como un escudo de liquidez para el empresario, evitando el crecimiento explosivo de los pasivos laborales en un entorno volátil.

El riesgo de un aumento al salario básico

Frente a las exigencias de diversos sectores para un incremento del sueldo base, el especialista en PYMES advierte que las pequeñas y medianas empresas no están listas para absorber tal impacto.

«Un aumento considerable generaría un efecto dominó… el incremento se trasladaría inevitablemente a los precios finales, alimentando el ciclo inflacionario».

Piazza enfatiza que la mayoría de las PYMES operan con márgenes estrechos y carecen de procesos automatizados para compensar el alza en las cargas prestacionales y de seguridad social.

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