El mercado energético internacional atraviesa una fase de profunda incertidumbre y transformación estructural. El recrudecimiento de las tensiones en el Medio Oriente, particularmente en torno al Estrecho de Ormuz, ha alterado los flujos tradicionales de crudo y productos refinados, elevando significativamente los costos logísticos y abriendo una ventana de oportunidad para los productores del continente americano. Igor Hernández, economista, doctor por la Universidad de Rice y consultor del Grupo Bartlett, quien analiza las variables de esta nueva dinámica energética.
El Estrecho de Ormuz, un paso vital por donde transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo y el 26% del gas natural licuado (GNL).
El Estrecho de Ormuz: Costos al alza e incertidumbre
La importancia geográfica del Estrecho de Ormuz no solo reside en el volumen de crudo que transita por allí, sino también en los productos refinados destinados principalmente a la región de Asia-Pacífico. Según Hernández, la inestabilidad en esta zona ha provocado que los costos de transporte en tanqueros de gran carga se dupliquen en las últimas semanas.
«El efecto que se ve en los precios es mucho más pronunciado en Asia que en Occidente», explica Hernández, señalando que el mercado está experimentando un reposicionamiento de flujos ante la imposibilidad de predecir una normalización antes del último trimestre de 2026.
Ante la restricción de suministros desde el Golfo Pérsico, los productores norteamericanos han respondido con agilidad. Las exportaciones desde la costa del Golfo han crecido un 15% respecto al año anterior. Además, el país está aprovechando sus altos niveles de almacenamiento de gas licuado para cubrir la demanda de la petroquímica en Europa. Actualmente, entre 400.000 y 450.000 barriles de arenas bituminosas canadienses están siendo desviados hacia China, aprovechando el entorno de precios altos en Asia.
El rol de Venezuela y la región en el corto plazo
Países como Venezuela, México y Colombia tienen una oportunidad inmediata para colocar sus grados de crudo en las refinerías del Golfo de México, donde aún existe un déficit de aproximadamente 300.000 barriles de crudo pesado.
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