En el marco de las conmemoraciones por el Día del Trabajador, el Ejecutivo Nacional decretó un ajuste en el Ingreso Mínimo Integral, elevándolo de 190 a 240 dólares mensuales. Aunque la medida busca recuperar el poder adquisitivo, el economista y profesor Aarón Olmos advierte que la estructura de este aumento y las distorsiones cambiarias vigentes plantean serios retos para que el beneficio se traduzca en una mejora real para los hogares venezolanos.
El ajuste se concentra exclusivamente en las bonificaciones: mientras el salario base permanece congelado en 130 bolívares y el ticket de alimentación en 40 dólares, el bono de guerra económica ascendió a 200 dólares. Según Olmos, este incremento podría verse neutralizado rápidamente por la dinámica del mercado. «Ese incremento de 50 dólares… ya de forma secuencial los precios se estaban ajustando a cierta velocidad por parte de los fijadores de precios, y ese efecto quizás se puede diluir un poco en el mes de mayo», explicó el especialista.
A pesar de que el Banco Central de Venezuela (BCV) mostró una desaceleración de la inflación en abril, cerrando en 10,60% (la cifra más baja del cuatrimestre), los datos de fondo siguen siendo alarmantes. La inflación interanual se ubicó en 611%, y la brecha entre el tipo de cambio oficial (490 Bs/$) y el no oficial ronda el 34%. Al respecto, Olmos enfatiza que «si bien hay un ajuste en esa inflación mensual, no significa necesariamente que el entorno económico esté variando completamente… la propia distorsión monetaria y cambiaria sigue golpeando el poder de compra».
Ante esta volatilidad, los ciudadanos han volcado su dinámica financiera hacia la economía digital. El uso masivo del pago móvil, las transferencias de bonificaciones y el refugio en criptoactivos estables a través de plataformas como Binance o exchanges con licencia local, se han convertido en herramientas indispensables para cubrir necesidades básicas.
El futuro inmediato dependerá de la política monetaria y la capacidad del BCV para frenar la velocidad de depreciación del bolívar, el cual ha perdido el 36% de su valor frente al dólar en lo que va de año. De no corregirse la brecha cambiaria, las proyecciones sugieren que el tipo de cambio podría cerrar el 2026 cerca de los 950 bolívares, diluyendo el impacto de cualquier ajuste salarial basado únicamente en bonos.
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