La reciente apertura del sector petrolero y la posibilidad de una mayor producción de crudo han generado expectativas sobre un incremento en el flujo de divisas en Venezuela. Según el economista Aaron Olmos, esta nueva dinámica podría permitir al Banco Central de Venezuela (BCV) destinar más recursos a través de intervenciones cambiarias. Sin embargo, este escenario plantea una interrogante sobre el futuro de los activos digitales en el país, los cuales ganaron terreno ante las trabas de la banca internacional.
Para Olmos, el uso de criptoactivos estables como USDT y plataformas como Binance respondió a una necesidad crítica de ciudadanos y empresas. El analista explica que muchos usuarios buscaron alternativas ante los altos costos de la banca tradicional, pues al enviar dinero por vías convencionales «no solamente es el esfuerzo de trabajar una moneda que se devalúa, sino que cuando hago el envío y se transforma a moneda dura, el proceso hace que me llegue siempre menos; es doble o triple trabajo».
A pesar de que una posible normalización financiera permita a Venezuela salir de «listas negras» y facilite el uso de tarjetas o cuentas en el exterior, Olmos considera que la tecnología blockchain ya tiene un lugar asegurado. El economista sostiene que, aunque se retomen las vías tradicionales, los activos digitales «ya se han ganado un puesto dentro de su dinámica, no por un tema de agradecimiento, sino por un tema de respuesta; efectivamente, solventan problemas, son más rápidas y son más baratas».
Finalmente, el especialista enfatiza que la utilidad de estas herramientas trasciende las regulaciones o la coyuntura del momento. Según Olmos, «el mundo de los criptoactivos no pierde vigencia por una resolución gubernamental» ni por la reactivación de cuentas bancarias antiguas, ya que una vez que el usuario entiende su valor estratégico, «es difícil que los abandone porque comprendió su uso y su peso» dentro de la economía digital actual.
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