Gremio alerta de nuevo colapso del transporte público en Caracas por bajas tarifas e inflación

Foto cortesía de El Diario

Con vidrios pintados y asambleas permanentes, el sector transporte presiona por un aumento de tarifa ante una inflación que consumió el último incremento de pasaje fijado en diciembre por el Ministerio de Transporte. Los usuarios enfrentan largas esperas mientras los choferes exigen ajustar el pasaje a la cotización diaria del dólar.

​Caracas. Alrededor de las 5:00 p. m., cuando miles intentan volver a casa, las paradas del centro y el este se llenan de gente y se vacían de camionetas del transporte público. El deseo de regresar se estrella contra la ausencia de unidades, y la ciudad entra en una pausa obligada.

El agotamiento se lee en cada rostro. Al terminar la jornada laboral, el único deseo es llegar a casa, pero la falta de autobuses diluye esa aspiración en una espera interminable.

Mientras los pasajeros aguardan, los propietarios de los vehículos se reúnen en otro escenario. El pasado jueves, 19 de febrero, los transportistas celebraron una asamblea general para debatir lo que califican como una urgencia del sector: el ajuste del pasaje urbano.

Aunque la discusión ocurre lejos del bullicio de las paradas, sus consecuencias se sienten directamente allí: menos colectivos en la calle implican más espera y más presión sobre los que se mantienen operativos. Entre la asamblea y el andén, la distancia es más corta de lo que parece.

En diciembre de 2025 la tarifa se fijó en 60 bolívares para las rutas cortas, pero para los choferes ese monto ya se diluyó. La inflación y el alto costo de los repuestos han dejado esa cifra rezagada frente a la realidad de los transportistas.

La crisis reaviva el temor a otro colapso, como el que ya ocurrió entre 2016 y 2019, cuando entre 60% y 70% de los autobuses dejaron de circular en todo el país, por falta de repuestos y mantenimiento, como entonces alertó el Comité de Usuarios del Transporte Público.

“Ajuste ya”

El 20 de febrero pasado, el reclamo de los transportistas se volvió visible desde temprano. Con pintura blanca sobre los vidrios de los autobuses que rodaban, la consigna era directa: “Queremos un ajuste ya”. Otros choferes decidieron apagar los motores y sumarse al paro de actividades para presionar por una respuesta del Ministerio de Transporte.​

Marcelo Morett, sindicalista del sector, explicó a Crónica Uno que la falta de unidades ya no es una excepción, sino la regla. Las “largas colas” se han vuelto el paisaje permanente de las horas pico, porque cada vez hay menos autobuses operativos. Según los gremios, el negocio dejó de ser rentable.

Añadió que, para evitar la desaparición del servicio, el pasaje mínimo debe anclarse a 0,50 dólares. El gremio sostiene que la tarifa de 60 bolívares está “totalmente devaluada” y resulta insuficiente para cubrir el mantenimiento de las unidades y el sustento de las familias de los transportistas.

“Estamos atrapados en una contradicción, pues cobramos en bolívares mientras que los egresos están dolarizados. A nosotros las multas nos las cobran a precio de euro. Somos el único sector que no está anclado al dólar”, lamentó.

Foto: Crónica Uno

​Remendar para rodar

Juan*, quien cubre la ruta Antímano-Capitolio, trayecto que conecta una parroquia del oeste de Caracas con el centro de la ciudad, relató que insumos como baterías y bandas de frenos aumentan de forma constante en las tiendas de la capital. Precisó, además, que los cauchos representan el mayor dolor de cabeza.

“Un caucho nuevo cuesta entre 200 y 300 dólares. Lo que hacemos muchos es comprarlos usados o remendarlos, pero así duran apenas tres meses. Uno nuevo te dura hasta ocho”, dijo.

De acuerdo con Morett, algunos mantenimientos deben realizarse cada mes, como el cambio de aceite, y otros cada tres a seis meses, siempre que no surja una avería imprevista. Aseguró que, como propietario, necesita que su inversión genere ingresos, por lo que lamenta verse obligado a escoger entre llevar comida a su hogar o destinar recursos a su herramienta de trabajo.

Foto: cortesía transportistas

El gremialista enfatizó en que mantener una unidad modelo Encava, marca venezolana de autobuses ampliamente utilizada en el transporte urbano, es hoy un ejercicio de equilibrio financiero.

Un cambio de aceite y filtros ronda los 320 dólares, lo que equivale a más de una semana completa de faena. Si el motor presenta fallas, la reparación oscila entre 5000 y 8000 dólares; sustituirlo eleva el monto hasta 17.000 dólares. Cifras inalcanzables para el transportista promedio.

​Bono para estudiantes y adultos mayores

La crisis también alcanza a los sectores más vulnerables, y los transportistas coincidieron que ya no pueden asumir ese subsidio por cuenta propia. Morett indicó que hace un año plantearon al Gobierno la creación de un bono mensual de 30 a 40 dólares para estudiantes y adultos mayores, poblaciones que tradicionalmente pagan tarifas preferenciales o exoneradas en el transporte público.

​“Nosotros no recibimos el pago de esta población por parte del ministerio. Siempre salimos perdiendo”, denunció.

Morett detalló que la propuesta contempla que estos usuarios reciban el dinero de forma directa para cancelar el pasaje completo. De este modo, adujo, se reduciría el conflicto cotidiano en la puerta de la unidad y se garantizaría que el conductor perciba el ingreso correspondiente.

Sin subsidios eficaces y con repuestos a precios internacionales, los conductores aseguran que trabajan a pérdida: los ingresos no cubren los costos. Esa realidad, que combina variables políticas y económicas, se materializa en las paradas de Caracas, donde los pasajeros aguardan unidades que nunca llegan porque los estacionamientos están llenos de autobuses inmovilizados.

CRONICA UNO