Pacientes denuncian que brecha cambiaria dispara el costo de las medicinas básicas

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Foto: PixaBay

En un recorrido de Crónica Uno por farmacias del oeste y centro de la ciudad se constató que antigripales, antihipertensivos y  tratamientos específicos para patologías intestinales y suplementos multivitamínicos encabezan la lista de los medicamentos más solicitados, pero también los que registran las variaciones de costo más agresivas.

Caracas. Luego de consultar precios en cinco farmacias, Josefa Martínez guarda los blísteres vacíos en su cartera, con cierta resignación. A sus 67 años, su cuerpo exige una disciplina estricta: un tratamiento combinado de cuatro medicinas para controlar sus padecimientos de hígado y páncreas graso, sobrepeso e hipertensión arterial.

El hígado graso es una condición médica en la que se acumula grasa en el hígado, y el páncreas graso es similar. Ambas afectan el funcionamiento de ese órgano vital. El sobrepeso y la hipertensión arterial son dos de los problemas de salud más comunes en adultos mayores, como en el caso de Josefa.

Sin embargo, el ritual mensual, que consiste en recorrer farmacias para “cazar” ofertas, ha perdido sentido ante la realidad de los estantes. En enero, el esquema de cuatro medicamentos para estabilizar su tensión y proteger su hígado alcanzó un total de 68 dólares.

En la última semana, el presupuesto saltó a los 78 dólares. Para una jubilada que depende de ingresos fijos como el bono de guerra, esa diferencia de 10 dólares representa la brecha entre la estabilidad y el riesgo de complicaciones médicas.

Lo que vive Josefa es solo una de las miles de historias que se repiten en todo el país. Cada día, miles de personas enfrentan el dilema de decidir entre comer o medicarse. Un dilema exacerbado por la inflación, donde el poder adquisitivo de la mayoría de los venezolanos se ha visto reducido a niveles insostenibles.

La brecha cambiaria erosiona los ingresos de miles de pacientes como Josefa. Frente a precios en dólares, los pensionados pagan en bolívares, viendo cómo se reduce cada día su capacidad para adquirir lo esencial.

“Ya no lo puedo comprar porque no me dan las cuentas. O es la medicina o los alimentos”, lamentó Martínez.

Una pluma precargada para insulina es un dispositivo portátil que contiene insulina pre-cargada y se utiliza para administrar inyecciones subcutáneas a personas con diabetes. Foto: Carolina Campos.

La brecha cambiaria en el mostrador

Un recorrido realizado por Crónica Uno en farmacias del oeste y centro de la ciudad constató que los antigripales, antihipertensivos, tratamientos para patologías intestinales y suplementos multivitamínicos encabezan la lista de mayor demanda. Estos rubros registran las variaciones de costo más agresivas.

En las últimas semanas, el valor de estos insumos ha aumentado de forma proporcional al acelerado ritmo de la brecha cambiaria. La disparidad entre la tasa oficial y el costo real de reposición de inventarios obliga a las farmacias a ajustar sus márgenes, lo que expone a los ciudadanos a una situación de vulnerabilidad.

Ante esta realidad, los pacientes optan por fármacos genéricos a un costo más asequible para dar continuidad a sus terapias. No obstante, la desesperación empuja a muchos hacia la economía informal: los llamados “carritos de medicina” en mercados y bulevares.

Estos “carritos” son vendedores ambulantes, ue ofrecen medicamentos a precios más bajos, pero con productos de baja calidad, según denuncias de usuarios, lo que pone en riesgo la salud de los compradores.

De acuerdo con fuentes del sector salud, estos productos carecen de permisos sanitarios y de exportación, un riesgo que puede comprometer aún más el bienestar de los compradores.

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Ministerio de Salud no aplicó controles en la contrataciones para el suministro de medicamentos.

Arriesgar la calidad

Marina González, estudiante de comunicación social de 21 años, padece infecciones de oído recurrentes. Sus médicos asocian estos procesos con la mala calidad del agua que llega a su hogar.

Hace pocos días acudió a consulta por dolor, inflamación y escozor. Le diagnosticaron una otitis en el oído medio que requiere un antibiótico con ácido clavulánico.

“Hace unos ocho meses usé el mismo medicamento y me costó 350 bolívares. Ahora la misma caja supera los 7500 bolívares. Esto es una locura”,relató la joven.

Ante la imposibilidad de costear el tratamiento en una cadena comercial, acudió a una farmacia móvil comunitaria donde consiguió el blíster a mitad de precio.

“Sé que es de dudosa procedencia, pero no tuve más opción. Noto que el efecto es más tardío, pero al parecer funciona igual”, comentó.

Producción nacional bajo presión

Tito López, presidente de la Cámara de la Industria Farmacéutica (Cifar), explicó que el precio promedio de un medicamento ronda los 4,70 dólares. En la actualidad, existe un amplio catálogo para diversos presupuestos: desde pastillas genéricas de 2 dólares hasta tratamientos de última generación que superan los 20 dólares.

El sector farmacéutico venezolano prevé un cierre para el año 2026 con una producción cercana a los 400 millones de unidades. Foto: Cortesía Conindustria

Sin embargo, López señaló que la producción depende casi en su totalidad del mercado exterior. El principio activo es la sustancia que tiene el efecto terapéutico en el medicamento, la escasa producción de este componente en Venezuela afecta los costos de producción.

Además, aunque los estuches y algunos envases se fabrican en el país, 90 % de la materia prima proviene de otros países.

Esta realidad obliga a las empresas a pagar sus insumos de contado y en dólares, ante la falta de créditos internacionales. La distorsión aparece cuando el fabricante vende su producto bajo la tasa del Banco Central de Venezuela, pero debe reponer materiales a través del mercado libre. Este desfase recae sobre el costo final que asumen los consumidores.

Por ejemplo, en farmacias de Catia, en el oeste de la ciudad, vendedores y farmacéuticos coinciden en que los antigripales y antihipertensivos registran incrementos de entre 10 % y 30 % en las últimas seis semanas. Por ello, el público busca las opciones genéricas más económicas o se arriesga en las llamadas farmacias móviles.

“Las medicinas de producción nacional tienen precios que cambian cada día. Muchos clientes preguntan el precio y luego se van a los carritos a comprar fármacos de la India que circulan sin permiso sanitario”.explicó la vendedora de una reconocida red de farmacias.

En la parroquia Candelaria la situación es similar. Andrés Salazar, farmacéutico con 20 años de experiencia, confirmó que el alza perjudica a quienes necesitan dosis exactas para patologías cardiovasculares, con costos que alcanzan los 50 dólares.

El reto de reponer inventarios

El especialista advirtió que esta inestabilidad genera descapitalización en las farmacias. El ingreso por la venta de hoy resulta insuficiente para cubrir el costo de reposición de mañana, lo que pone en jaque los inventarios.

Este fenómeno se denomina descapitalización y es común cuando los costos de reposición de los productos superan los ingresos generados por la venta de los mismos.

“La realidad es que los costos de producción nacional son elevados y los fármacos importados ya no son los más baratos. Los precios de una farmacia varían enormemente”, afirmó Salazar.

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En farmacias de Catia, vendedores y farmacéuticos coinciden en que los antigripales y antihipertensivos registran incrementos de entre 10 % y 30 % Foto: Carolina Campos archivo.

Al respecto, López puntualizó que, si bien la importación desde India, Irán o China fue una alternativa económica en el pasado, el escenario cambió. El Ministerio de Finanzas impuso aranceles más altos a los productos terminados para favorecer la manufactura venezolana.

¿Más producción, menos acceso?

A pesar de este ajuste, los industriales mantienen sus observaciones para lograr igualdad de condiciones frente a lo importado. El impulso de la producción nacional enfrenta obstáculos como el alto costo de los tributos fiscales y parafiscales, la falta de apalancamiento bancario y la brecha cambiaria que encarece cada caja de pastillas que sale de las plantas nacionales.

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Ahora si consiguen la pastilla de 50 mg la parten en dos para obtener la dosis indicada. Cristian Hernández archivo

Pese a estas dificultades, las proyecciones de Cifar son optimistas para el mediano plazo. El sector farmacéutico venezolano prevé un cierre para el año 2026 con una producción cercana a los 400.000.000 de unidades. Esta cifra representa un crecimiento de casi 20 % respecto al volumen de 2025.

Con una producción que crece en cifras, pero con precios que se mueven más rápido que los ingresos, el acceso real a las medicinas sigue siendo la verdadera prueba del sistema. En farmacias y mercados informales, los pacientes ajustan tratamientos, parten pastillas y sustituyen marcas para no abandonar sus terapias.

La estadística industrial ofrece una señal de movimiento; la experiencia del enfermo revela la tensión diaria. Entre inventarios, tasas de cambio y márgenes de reposición, la salud queda atrapada en una ecuación en la que casi nunca gana el paciente.

CRONICA UBNO