Aunque Marcy Alejandra Rangel vive en Colombia su inquietud periodística la lleva en las venas y su amor por la danza y por Venezuela se refleja en su libro Al Son Que Nos Toquen.

Una publicación que no viene sola, es todo un concepto que ella describe como, “el único proyecto que contiene un libro, una colección de NFTs para donar becas a estudiantes de danza y una serie de eventos para volver a celebrar la danza en Venezuela”.

En entrevista a QuéLeer, la periodista nos cuenta cómo no se rindió ante el rechazo de las editoriales.

¿Cómo surgió la inquietud en ti para abordar el tema de la danza en Venezuela?

Siempre he estado vinculada con la danza. Bailé ininterrumpidamente Danza Contemporánea, Flamenco y Tap desde los 3 años y hasta los 19 años y, desde los 16, he visto clases de salsa y estuve en competencias. Sigo haciéndolo desde Bogotá, donde vivo desde 2017. Así que el tema de la danza siempre ha sido parte de mi vida como artista y como profesional, pues desde que fui pasante en Escenas de El Nacional, al inicio de mi carrera, cubrí Artes Escénicas y me tocó cubrir decenas de espectáculos de danza contemporánea a la par que iba avanzando en la universidad y cada vez más vinculaba mi ejercicio con este tipo de temas, a los que me he seguido dedicando 13 años después desde la coordinación de medios, producción de eventos y music business. Siento que es una evolución natural de mi propio proceso.

¿Cómo ha sido el proceso de investigar y documentar el libro?

Al Son Que Nos Toquen comenzó como un reportaje de largo aliento que presenté como tesis de pre-grado para obtener mi título de periodista en la UCAB en el año 2011. Estuvo inspirado en Movimiento Perpetuo de Andreína Womutt ya que, desde la publicación de ese libro en los años 80, no hay una publicación que recopile toda la historia de la danza contemporánea en Venezuela a través de sus protagonistas. Durante ese tiempo, entrevisté a cerca de 30 directores de compañías de danza contemporánea activas en Venezuela, gestores culturales y promotores y, con ayuda de una línea de tiempo que elaboré y que está dentro del libro, hice un paralelismo entre la historia democrática del país y la historia de la disciplina ya que su auge y caída son muy similares. La hipótesis inicial era que la improvisación como técnica dancística fue una respuesta a la crisis estructural de la danza en Venezuela. Con el tiempo descubrimos que no solo la improvisación fue una técnica escénica muy usada, sino que llegamos a ser ejemplo en modelos de gestión para compañías en América Latina, que tenemos muchos maestros que fueron egresados de compañías europeas importantes, hemos tenido emigrantes que han hecho su vida como docentes acá y, sobre todo, muchos testimonios de vida de bailarines que hicieron de sus compañías un negocio familiar, incluso exploraron en otros tipos de movimiento como el pilates o la yoga, para poder vivir del movimiento en el país.

También con el tiempo muchos emigraron o se dedicaron a dar clases de otras cosas con el corte de las ayudas del Estado, pero también surgieron academias de danza moderna que en un principio estuvieron muy divorciadas de la movida de danza contemporánea y ahora incluyen dentro de sus clases y festivales la “danza lírica” que no solo comulga con la danza contemporánea, sino que además comparten programas en distintos escenarios con compañías como las que están en el libro. Así que tenemos mucha danza para leer dentro de Al Son Que Nos Toquen y disfrutar en la amplia programación que tenemos esta semana para promocionar su lanzamiento.

¿Cómo has hecho para publicar? ¿Te ha resultado complicado?

Al Son Que Nos Toquen es un libro autogestionado. Al inicio lo envié a editoriales independientes como Libros del Fuego, Lugar Común y El Estilete pero no les interesó la propuesta. Un día fui a la presentación de un libro autogestionado donde estaban trabajando muchos de mis amigos del medio editorial y ahí lo decidí: armaría mi propio equipo. En 2015 empezamos a trabajar: Jesús Torrivilla me ayudó a editar el texto, Virginia Riquelme lo corrigió, Roland Streuli me cedió los derechos para usar sus fotos en el libro y los diseñadores editoriales Yonel Hernández y Eddymir Briceño fueron los encargados de hacer el planteamiento. También Eloísa Maturén hizo un prólogo súper bonito y Willy Mckey lo editó. Entonces durante años pensé en cómo podía conseguir apoyo pero, al ver que no había una posibilidad clara, decidí hacerlo yo. Di con Rodnei Casares, director de Ítaca Librería Bar en Medellín y casualmente socio de Libros del Fuego, quien fue mi coordinador editorial y un apoyo grande en estos últimos meses con la producción del libro. Y, finalmente, el marketing para poder hacerlo posible fue importantísima: Arrancamos el 1º de febrero con la preventa de dos meses donde, a quienes compraran el libro por 20$ les di como recompensa una asesoría creativa en el tema que creían que yo pudiera ayudarles. El resultado fueron 64 libros vendidos en 19 ciudades del mundo que ahora esperan su ejemplar apenas salga de imprenta y el apoyo de 9 marcas en todo este proceso, sobre todo el de Gráficas Acea que ha sido indispensable en este proceso de publicación.

¿Dónde se puede adquirir?

En marcyrangel.com/alsonquenostoquen, mi cuenta de Instagram @MarcyAlejandraR y a través del correo [email protected]

Al son que nos toquen es un proyecto más ambicioso que solo publicar un libro. Cuéntanos sobre todos los eventos que estás planificando.

Al Son Que Nos Toquen es un proyecto de tres fases: el libro, una colección de NFTs para generar impacto social en danza en Caracas y una serie de eventos para celebrar la danza en el país.

El libro cuenta la historia de la danza contemporánea en Venezuela a través de sus protagonistas, la colección de NFTs son las fotos de Roland Streuli, fotógrafo suizo que ha dedicado sus últimos 40 años a registrar las artes escénicas en Venezuela, que están contenidas en el libro subidas a Open Sea y una selección de 24 fotografías de danza tomadas en las calles de Shenzhen en China, por el venezolano Jesús Salazar Cabrera, están disponibles en Doingud. La venta de estas fotografías servirá para otorgar becas a bailarines de danza en Caracas.

La última fase son 4 eventos que se llevarán a cabo esta semana:

  • Jueves 28 de abril:

Presentación del libro a cargo de Simón Villamizar en conversatorio con Marcy Rangel

Presentación de Sarta de Cuentas

Alfredo Naranjo y El Guajeo

Astrolabio Café en Bello Monte, 5pm

  • Viernes 29 de abril:

Conversatorio con estudiantes y programa de danza, a las 12pm en la planta baja del edificio Cincuentenario, en la UCAB

DJ Torkins, acrobacia aérea en telas por Marilú García de Ingrávidos, Armando Díaz de Sieteocho Danza Contemporánea y HDH Art Complex, ganadores del Desafío al Movimiento 2022, proyección de los NFTs en las pantallas de MoDo, 7pm

  • Sábado 30 de abril:

Conversatorio Se puede vivir del arte en Venezuela con Taba Ramírez de Ímpetu, Claudia Salazar de Clas Producciones, Mariana Marval de la Escuela de Teatro Musical de Caracas, Gaby Alfonzo de la Academia Zahorí y Marcy Rangel.

Presentación de Ímpetu y Aktion Kolectiva

Menta y Romero, 11:30am

Adicionalmente traigo de Bogotá a Jhoan Sebastian, bailarín profesional de salsa estilo colombiano, bachata y atleta de parkour para que se presente en todos los eventos y además dé clases en diferentes academias y clases personalizadas.

¿De todas las historias que abordaste, cuál particularmente te llamó más la atención?

Me gusta mucho el capítulo de Hasta donde alcance el linóleo porque muestra la vida de los primeros bailarines que se profesionalizaron en danza en Venezuela gracias al Iudanza, que dejaron sus vidas en la academia militar o la escuela de Antropología para ser bailarines profesionales y que fusionaron la danza contemporánea que por tradición había sido elitista con la vida del barrio, la ciudad, los temas cotidianos que le preocupan. Esta es la generación de bailarines que todavía está activa, sobre todo en como docentes. Ahí están las historias de los maestros Félix Oropeza, Carmen Ortiz, los hermanos Rafael y Rommel Nieves, Armando Díaz y Carlos Penso.

¿Cuál es a tu juicio el status de la danza en Venezuela hoy en día? ¿Qué propones para mejorarlo?

Una de las razones por las cuales decidí publicar el libro aún 10 años después de haberlo planteado es porque el panorama de la danza en Venezuela no ha cambiado demasiado desde entonces. Necesita apoyo del Estado, una revitalización importante de los pensums, profesores y alumnos de la Unearte, madres y padres que apoyen a los hijos que quieran estudiar danza en la Universidad y no solo como un hobbie de la infancia. La danza necesita espectadores que vayan a verla y también coreógrafos que la hagan más digerible para el público, empresa pública y privada que dignifique el trabajo de los creadores y, sobre todo, una política pública que cumpla con ejes de educación, impacto social y desarrollo de compañías que estimulen el trabajo de los profesionales existentes y las generaciones venideras.

Actualmente resides en Colombia, ¿Cómo te mantienes conectada con Venezuela?

Me mantengo conectada con Venezuela todo el tiempo porque vivo fuera pero mi familia y muchos afectos siguen en Caracas. Produzco en Colombia los espectáculos de Ni Tan Tarde Productions (Led Varela, Manuel Ángel Redondo, Luis Chataing), he producido conciertos de artistas como Simón (ex Caibo) y Tomates Fritos, soy jefe de prensa en Venezuela de diferentes proyectos culturales desde Colombia, adicionalmente a mis colaboraciones con distintos medios o la vinculación que tengo a la Fundación Gabo o al Derecho a No Obedecer, donde hacemos diferentes iniciativas que abordan la integración entre las comunidades venezolanas y colombianas.

¿Qué les dirías a nuestros seguidores de QuéLeer para que compren Al son que nos toquen?

Al Son Que Nos Toquen vale la pena porque es el único libro que cuenta la historia de la danza contemporánea en Venezuela a través de sus protagonistas desde que Andreína Womutt publicó “Movimiento Perpetuo” en los años 80. Es un libro que tiene un planteamiento de diseño muy innovador inspirado en un escenario; se abre de manera horizontal, tiene la historia de cada bailarín y su foto encartada, de manera que se pueda retirar para poder leer su historia, como pasa con las historias de los bailarines en la vida real, que la van dejando ver cada vez que bailan.

Es un documento histórico con un montón de datos y referencias bibliográficas que pueden apreciar dentro del texto y de la línea de tiempo que tiene incluida. Es un aporte a la memoria colectiva del país, para que en los escenarios nunca baje el telón. Además es el único proyecto que contiene un libro, una colección de NFTs para donar becas a estudiantes de danza y una serie de eventos para volver a celebrar la danza en Venezuela.

¿Tienes nuevos proyectos en mente?

Ojalá pueda presentar el libro en las ciudades donde más lo han comprado hasta ahora: Miami, Santiago, CDMX y Madrid. Pero para eso necesito todavía más apoyo.

Dinos una frase favorita de tu libro.

Este libro representa las ganas de un grupo de hacedores que necesita el movimiento así, con método y arte, para ninguna otra cosa más esencial que vivir.

Marcy Alejandra Rangel es periodista por la UCAB, magister en Gestión y Políticas Culturales por la UCV y certificada en Music Business por la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia.

Con 13 años de experiencia dentro del campo cultural como cronista cultural y jefe de prensa y 3 años dentro de la industria de la música en América Latina, donde ha trabajado con Systema Solar, producciones de Sebastián Yatra y Gilberto Santa Rosa y, más recientemente, como Digital Marketing Lead en la división latina de Interscope Records y parte del departamento digital de Wisin desde Bogotá, donde reside desde 2017.

Mantiene su vínculo con Venezuela a través de la Academia de los Premios Pepsi Music, de la cual es miembro, y la producción de los espectáculos en Colombia de artistas como Led Varela, Luis Chataing y Manuel Ángel Redondo.

Y tú, ¿Bailas Al son que nos toquen?


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